El cierre estadístico de septiembre volvió a encender las alarmas entre comerciantes minoristas y consumidores del partido de Lanús. Tras varios meses de relativa moderación en las variaciones intermensuales, los relevamientos preliminares de precios muestran un rebote que ubicaría el costo de vida cercano al dos por ciento mensual. Esta cifra, lejos de ser una simple abstracción para economistas, se traduce directamente en las pizarras de verdulerías, carnicerías y panaderías de Monte Chingolo, Gerli y Lanús Este, donde los márgenes de ganancia se achican y los vecinos restringen compras a productos esenciales.

El relevamiento de consultoras difundido por Arriba Lanús anticipa que los alimentos y bebidas, junto con los servicios regulados de transporte y electricidad, volvieron a traccionar la suba durante las últimas cuatro semanas. En los centros comerciales a cielo abierto de la avenida 9 de Julio y de Hipólito Yrigoyen, la sensación térmica coincide con esos pronósticos: comerciantes advierten que los proveedores mayoristas reanudaron listas con remarcaciones quincenales, dificultando la reposición de mercadería y el sostenimiento de promociones de pago al contado.

Por su parte, los informes técnicos del INDEC que miden la evolución del Gran Buenos Aires confirman que las familias de ingresos medios y bajos destinan más del cincuenta por ciento de sus salarios a cubrir rubros de primera necesidad. En el Conurbano sur, donde el empleo informal y el cuentapropismo tienen un peso determinante, cualquier variación en los alimentos golpea con mayor dureza que en los distritos de mayores recursos de la zona norte o la Ciudad de Buenos Aires.

El impacto en las boletas municipales

La inflación no solo incide en el changuito del supermercado: en Lanús tiene un efecto directo y regulado sobre las obligaciones fiscales de los vecinos. La Ordenanza Fiscal e Impositiva aprobada a principios de año delegó en el Departamento Ejecutivo comunal la facultad de aplicar actualizaciones automáticas y bimestrales sobre la Tasa de Servicios Generales (TSG) en función de la evolución del índice de precios y el costo de los insumos de recolección.

Este mecanismo de indexación encubierta significa que cada décima de incremento en el IPC nacional habilita a la Secretaría de Hacienda municipal a emitir boletas más caras para el período subsiguiente. Lejos de actuar como un amortiguador de la crisis, la Comuna traslada mecánicamente el encarecimiento a los frentistas, cobrando más por servicios de alumbrado, barrido y conservación que en muchos barrios siguen presentando falencias ostensibles, como luminarias apagadas o basurales crónicos en esquinas de Lanús Oeste.

Caída de ventas y aumento de la morosidad

El ahogo financiero sobre los vecinos repercute de inmediato en las arcas del Municipio. El debate sobre morosidad y alivio tributario reflejado en La Unión de Lanús expuso que los niveles de cobrabilidad de la TSG sufrieron un retroceso notable en los últimos trimestres, superando el treinta por ciento de incumplimiento en varias zonas residenciales. Frente a este panorama, bloques opositores en el Concejo Deliberante vienen reclamando la creación de moratorias extraordinarias sin recargos usurarios y la suspensión de la cláusula gatillo de actualización bimestral.

Sin embargo, la administración municipal ha optado por intensificar las intimaciones administrativas y elevar las alícuotas de la Tasa de Seguridad e Higiene sobre supermercados y empresas de servicios, una carga que las cadenas trasladan invariablemente al precio final que abona el consumidor lanusense. Es un círculo vicioso en el que el Estado local intenta compensar la caída de recaudación encareciendo la presión impositiva sobre los mismos contribuyentes que ya no logran llegar a fin de mes.

Estrategias de supervivencia en los barrios

Frente al avance inflacionario, los lanusenses multiplican estrategias de ahorro que van desde el aprovechamiento intensivo de descuentos bancarios como Cuenta DNI hasta la concurrencia masiva a las ferias francas municipales en busca de frutas y hortalizas a precios de referencia. No obstante, estas alternativas resultan insuficientes cuando los costos fijos de servicios básicos, expensas y tasas comunales crecen a un ritmo superior al de las paritarias laborales y los haberes jubilatorios.

En los corredores comerciales de Lanús Este y Remedios de Escalada, las cámaras mercantiles observan un incremento en las operaciones con tarjetas de crédito y billeteras virtuales para la compra de alimentos básicos, una señal inequívoca de pérdida de poder adquisitivo en los hogares asalariados. Cuando los vecinos deben financiar el consumo diario en cuotas, el margen de ganancia de los pequeños negocios se reduce por las comisiones financieras y los plazos de acreditación.

A este escenario se suma la incertidumbre respecto al suministro de energía eléctrica y gas para las panaderías y carnicerías locales, cuyos hornos y cámaras frigoríficas afrontan facturas que triplican los valores del año anterior, empujando a muchos titulares a recortar personal o reducir horarios de atención para evitar la quiebra definitiva.

La gestión económica de Lanús no puede limitarse a esperar pasivamente que los índices nacionales bajen por inercia monetaria. Fiscalizar precios de referencia en ferias, revisar la presión fiscal que asfixia a los comercios de barrio y congelar las tasas municipales indexadas son medidas indispensables para proteger el entramado productivo local antes de que el cierre de persianas se convierta en una postal irreversible de nuestras avenidas comerciales.