La identidad cultural del partido de Lanús está construida con el barro y los sueños de las oleadas migratorias que transformaron el sur bonaerense a comienzos del siglo veinte. En ese mapa de memorias vivas, el Centro Asturiano de Lanús ocupa un sitial privilegiado que acaba de recibir un reconocimiento de máxima jerarquía internacional. La visita oficial de Adrián Barbón, presidente del Principado de Asturias, devolvió al primer plano la rica trayectoria de una institución nacida en 1925 que se prepara para celebrar su primer centenario manteniendo vigentes las costumbres, la música de gaita y los bailes tradicionales traídos por los pioneros desde los valles del norte español.
La cobertura de Arriba Lanús sobre la visita al Centro Asturiano detalló los emotivos momentos vividos en la sede de Lanús Oeste y en la contigua plazoleta Asturias, donde se procedió a la bendición y reinstalación de la tradicional imagen de la Virgen de Covadonga. Barbón destacó ante una multitud de socios y descendientes que la comunidad asturiana en el exterior representa una parte indisoluble de la personalidad del Principado, ponderando la capacidad del centro lanusense para sumar a las nuevas generaciones de nietos y bisnietos a través de talleres de música celta, danzas folclóricas y torneos de bolos.
No obstante el clima festivo de la jornada, la realidad cotidiana de los centros de colectividades en el Gran Buenos Aires transcurre por andariveles de creciente complejidad económica. Mantener abiertas sedes centenarias, afrontar los tarifazos de gas y electricidad y conservar techos de tejas y solados de madera exige un esfuerzo financiero monumental que recae casi exclusivamente en las cuotas sociales de sus asociados, en un contexto de bolsillos menguados y pérdida de poder adquisitivo.
El contraste con las prioridades de la gestión cultural local
Frente a este esfuerzo autogestionado, las políticas de la Secretaría de Cultura municipal muestran prioridades cuestionables. Al revisar la cartelera de teatros del municipio de Lanús, se observa una fuerte concentración presupuestaria en megaeventos efímeros en parques públicos y contratación de figuras comerciales de la cumbia o el stand-up, mientras las instituciones patrimoniales barriales quedan huérfanas de fondos de fomento y exenciones en las tasas de seguridad e higiene.
Entidades como el Centro Asturiano, la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos o el Český Dům de Escalada no solo custodian la memoria de los abuelos que levantaron las primeras fábricas y escuelas de Lanús: también funcionan como espacios de contención comunitaria donde cientos de chicos y adultos mayores practican deportes, aprenden idiomas y se vinculan sanamente. Dejar que estas instituciones dependan únicamente de la venta de empanadas o el alquiler de sus salones para subsistir demuestra una mirada corta de la política cultural comunal.
La necesidad de un marco de protección patrimonial
A diferencia de lo que ocurre en jurisdicciones vecinas donde los registros patrimoniales de asociaciones de inmigrantes cuentan con leyes de mecenazgo y protección edilicia que impiden la demolición o degradación de inmuebles históricos, en Lanús el Concejo Deliberante aún adeuda una legislación integral de tutela del patrimonio arquitectónico y cultural. Sin esa normativa, muchas sedes históricas corren el riesgo de ser vendidas a desarrolladores inmobiliarios cuando las comisiones directivas no pueden sostener los costos operativos.
El Centro Asturiano de Lanús representa un baluarte de resistencia cultural en un Conurbano que a menudo olvida sus hitos fundacionales. En sus amplios salones de la calle Juan Farrel, varias generaciones de vecinos han aprendido a ejecutar la gaita asturiana, a templar los parches del tamboril y a danzar al compás del pericote y la danza prima, manteniendo un hilo de continuidad afectiva con las aldeas de montaña de las que partieron sus antepasados.
La institución cuenta además con una nutrida biblioteca que reúne volúmenes históricos, cartas de emigrantes y publicaciones periódicas que documentan el proceso de integración de los asturianos en las curtiembres, talleres ferroviarios y comercios de Lanús a lo largo del siglo veinte. Estos fondos bibliográficos, cuidados con celo por voluntarios mayores, carecen de digitalización y subsidios oficiales para su conservación preventiva contra la humedad y el paso del tiempo.
Las autoridades del centro coinciden en que el mayor desafío para los próximos años consiste en entusiasmar a los adolescentes del distrito, abriendo las puertas a talleres abiertos de percusión, gastronomía tradicional y encuentros intergeneracionales que permitan que el legado asturiano no quede reducido a un museo de nostalgias, sino que continúe latiendo como una fuerza viva en la identidad de Lanús Oeste.
Frente a la indiferencia de los circuitos comerciales, la cultura barrial se sostiene gracias a la tenacidad de estas asociaciones sin fines de lucro, que demuestran que el arte y la memoria colectiva son bienes públicos que enriquecen la vida comunitaria y merecen un respaldo decidido por parte de las autoridades municipales.
La visita del presidente asturiano dejó una huella de orgullo imborrable en Lanús Oeste, pero también un compromiso tácito para la comunidad granate. Cuidar al Centro Asturiano y a todas las casas de colectividades del distrito es una obligación moral con nuestra propia historia. Las gaitas que resonaron en la plazoleta no fueron un eco del pasado remoto, sino una afirmación rotunda de que Lanús sigue teniendo en sus raíces inmigrantes el pulso más noble y solidario de su cultura.


