Una historia escuchada en familia llevó al fotógrafo Yulian Martínez a recorrer Monte Chingolo, buscar imágenes y reunir testimonios sobre el 23 de diciembre de 1975. Ese trabajo creció hasta convertirse en libros, intervenciones y un archivo bajo custodia pública. Para el barrio, su interés está en la posibilidad de volver a mirar lugares conocidos y relacionarlos con memorias que no siempre resultan visibles en la calle.
El punto de partida aparece en la crónica que Sudestada publicó en 2021: Luis Martínez, padre del artista y vecino de Monte Chingolo, había vivido de cerca el intento de copamiento del Batallón 601 por parte del Ejército Revolucionario del Pueblo. Los relatos familiares impulsaron una investigación de cuatro años que combinó fotografías nuevas con documentación del pasado.
Mirar el barrio a través de distintas épocas
La búsqueda dio forma a Las batallas de Monte Chingolo, publicado en 2021. El ensayo reunió testimonios, imágenes periodísticas y familiares, textos y fotografías realizadas por Martínez. La propuesta pedía relacionar materiales de momentos distintos: reconocer qué podía decir una imagen actual al colocarla junto a un registro de 1975 o a la memoria de una persona que estuvo allí.
El acontecimiento ocurrió antes del golpe de Estado de marzo de 1976. Esa ubicación temporal es importante para comprender el proyecto: vuelve sobre la violencia política y sus huellas en un territorio habitado, donde las experiencias de los vecinos forman parte del relato.
El registro del Archivo Provincial de la Memoria dedicado al autor reconstruye su formación en fotografía en IMDAFTA, sus estudios audiovisuales en la Universidad Nacional de San Martín y su relación con el trabajo comunitario. La biografía ayuda a situar una producción que cruza práctica artística, investigación y enseñanza.
Fotografías en las paredes
En diciembre de 2020, al cumplirse 45 años del episodio, parte del trabajo salió del formato de libro o sala. Martínez realizó una intervención con imágenes en paredes del antiguo cuartel y en calles de la zona. El registro del Archivo Provincial recupera esa experiencia y su corta duración.
La exposición callejera permitió que las imágenes regresaran al territorio al que estaban vinculadas. Según las reconstrucciones publicadas sobre el proyecto, fue destruida a los dos días. El hecho forma parte de su historia, aunque esas fuentes no identifican a los responsables de la destrucción.
La intervención permite entender por qué el lugar importa tanto como la fotografía. Una imagen expuesta en una pared del barrio se encuentra con personas que pasan por allí por otros motivos. Puede activar un recuerdo, provocar una pregunta o acercar un fragmento de historia a quien no había buscado una exposición.
Un recorrido que cruza límites municipales
En la selección publicada por el propio fotógrafo conviven registros de 1975 con tomas realizadas entre 2018 y 2025. Los epígrafes mencionan el barrio IAPI, el Parque Industrial de Quilmes, avenida Coronel Lynch y el cementerio de Avellaneda, además de las referencias a Monte Chingolo.
Esos nombres muestran que el alcance de la investigación atraviesa límites municipales. Monte Chingolo pertenece a Lanús; varias de las fotografías están situadas en Quilmes y otras referencias corresponden a Avellaneda. Leer los epígrafes permite conservar esas diferencias y seguir el recorrido sin atribuir todos los lugares a una sola localidad.
La relación entre pasado y presente también depende de esa precisión. Las imágenes actuales no son fotografías del acontecimiento de 1975: muestran otros momentos de los espacios relacionados con él. Reconocer cuándo y dónde se tomó cada una ayuda a entender qué propone la secuencia.
Del trabajo personal a la consulta pública
En 2025, Martínez firmó un convenio con el Archivo Provincial de la Memoria para la custodia y preservación del material reunido. El acuerdo figura en su biografía pública y también en la presentación institucional del IMEPA. El conjunto quedó disponible para consulta pública, una dimensión diferente de su circulación como obra artística.
El artista registra además la presencia de su trabajo en bibliotecas y archivos, entre ellos la Biblioteca Popular Monte Chingolo y la Fototeca Benito Panunzi de la Biblioteca Nacional. Esa circulación amplía las posibilidades de encuentro con el proyecto: lectores, docentes e investigadores pueden acercarse desde preguntas distintas.
Otro paso editorial fue Monte Chingolo, de 2025. La ficha de Fotolibro Rodante identifica a LP Editores, la edición fotográfica de Gabriel Díaz y el diseño de Mariana Salaberry. Es una publicación de cuarenta páginas, distinta del libro de 2021, que prolonga el diálogo entre archivo y fotografía contemporánea.
La memoria también se comparte fuera del barrio
Durante 2026, el Instituto Municipal de Educación por el Arte de Avellaneda presentó una muestra con veinte fotografías, materiales de archivo y memorias escritas por testigos. La institución la vinculó con los cincuenta años del último golpe de Estado. Su galería está en Arenales 471, Avellaneda: la sede expositiva pertenece a otro municipio, aunque el proyecto tenga a Monte Chingolo como referencia.
Libros, paredes, archivos y salas ofrecen distintas maneras de acercarse a esta historia. El trabajo de Martínez permite reconocer que la memoria local también se construye al reunir lo disperso, identificar lugares y poner en relación relatos familiares con documentos que otras personas pueden consultar.


