El plan de obras viales de Lanús sumó un nuevo frente en Valentín Alsina, uno de los sectores con mayor circulación pesada y demandas históricas de bacheo de todo el distrito. La intendencia encabezó una recorrida en el barrio Villa Constitución para mostrar avances en el hormigonado de calles secundarias y pasajes interiores. Sin embargo, para los vecinos que habitan a pocas cuadras de la ribera del Riachuelo, la pavimentación no puede analizarse únicamente como una mejora superficial de la calzada: sin conductos de escurrimiento pluvial adecuados, cada nuevo cordón cuneta corre el riesgo de transformar las esquinas bajas en piletones artificiales durante las tormentas de primavera.

De acuerdo con la recorrida oficial del municipio en Valentín Alsina difundida en medios territoriales, los trabajos contemplan el retiro del pavimento deteriorado, la nivelación del suelo y el volcado de hormigón h-30, apto para soportar el tránsito diario de camionetas, utilitarios y colectivos que esquivan las avenidas principales como Remedios de Escalada de San Martín y Bernardino Rivadavia. La propaganda municipal pondera la conectividad vecinal y el embellecimiento del espacio público, pero evita precisar cuánto dinero de las arcas locales se destina a cada tramo ni qué empresa constructora resultó adjudicataria de la licitación correspondiente.

La crónica de Arriba Lanús sobre el plan de pavimentación detalla que las cuadrillas avanzaron sobre arterias troncales de Villa Constitución, donde los pozos y grietas acumulaban años sin mantenimiento regular. En ese relevamiento se consigna que las tareas responden a reclamos reiterados de frentistas que no podían acceder con ambulancias ni remises en días lluviosos. No obstante, el informe carece de precisiones sobre el plazo de finalización de obra, lo que genera incertidumbre entre los comerciantes de la zona que sufren cortes de tránsito prolongados sin cronogramas visibles ni cartelería explicativa.

El problema de los sumideros en la cuenca baja

La geografía de Valentín Alsina presenta pendientes naturales que drenan hacia el curso del río. En barrios como Villa Constitución o las inmediaciones de la calle Choele Choel, cualquier modificación en la rasante de las calles altera la velocidad y el sentido del agua superficial. Cuando se proyecta una repavimentación sin ampliar la capacidad de captación de los sumideros ni limpiar las cámaras de inspección, el agua que antes absorbía la tierra o quedaba retenida en baches menores se desplaza en masa hacia los puntos más deprimidos, afectando a viviendas particulares.

Un rastreo en los documentos oficiales del municipio demuestra que muchas contrataciones de bacheo y pavimentación se tramitan de manera fragmentada, separando la obra civil del mantenimiento de los desagües subterráneos. Esta división administrativa dificulta el control ciudadano: mientras una Secretaría supervisa las máquinas que tiran el asfalto, otra área responde con lentitud por los aliviadores tapados por barro y residuos. La oposición local en el Concejo Deliberante ha señalado en reiteradas oportunidades que pavimentar sin garantizar el drenaje es gastar dos veces, ya que el agua estancada pudre el paquete estructural del pavimento en pocos meses.

Falta de información sobre costos y adjudicaciones

La transparencia de la obra pública municipal continúa siendo una materia pendiente en Lanús. A pesar de los anuncios en redes sociales y las fotos protocolares de los funcionarios junto a las máquinas viales, los vecinos no disponen de carteles de obra reglamentarios en las esquinas intervenidas. En ellos debería figurar con claridad el número de expediente administrativo, el monto total presupuestado, el plazo en días corridos y el nombre del ingeniero a cargo de la dirección técnica.

Esta ausencia de datos impide corroborar si los trabajos en Villa Constitución se financian con recursos propios del Fondo Educativo o de la Tasa de Servicios Generales, o si corresponden a partidas asignadas por convenios provinciales de infraestructura urbana. La falta de desagregación presupuestaria alimenta las sospechas sobre sobreprecios o favoritismos en las contrataciones directas, una práctica que suele multiplicarse en vísperas de calendarios electorales cuando la urgencia por exhibir obras terminadas supera a la rigurosidad técnica.

El impacto en la circulación y el comercio barrial

Para los almaceneros, talleres mecánicos y pequeños comercios de Valentín Alsina, el cierre imprevisto de calles representa un golpe directo a su facturación cotidiana. En arterias angostas, el estacionamiento de maquinaria pesada y el acopio de áridos bloquea la circulación durante semanas, sin que la Comuna implemente desvíos señalizados ni brinde exenciones tributarias transitorias a los negocios afectados. Vecinos consultados en el lugar reclaman que los inspectores de tránsito coordinen los accesos en horarios escolares y laborales para no aislar por completo a las manzanas en obra.

Asimismo, los vecinos reclaman que la Dirección de Tránsito establezca controles de pesaje para los camiones de carga que ingresan desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a través del Puente Valentín Alsina, ya que el tonelaje excesivo sin fiscalización deteriora de manera acelerada las carpetas asfálticas recién terminadas.

El seguimiento vecinal debe mantenerse enfocado en los resultados concretos. Festejar el asfalto nuevo es comprensible tras décadas de abandono, pero exigir sumideros limpios, cordones bien perfilados y pliegos públicos es la única garantía para que las mejoras no se diluyan ante la primera sudestada que golpee las costas de Valentín Alsina.