La atención sanitaria primaria en los barrios populares del partido de Lanús continúa debatiéndose entre la propaganda de operativos itinerantes y la precariedad cotidiana de las salas de salud fijas. En los últimos días, el Municipio puso en marcha un nuevo itinerario de su unidad móvil para acercar consultas pediátricas, controles clínicos generales y aplicación de vacunas obligatorias a plazas y clubes barriales de Lanús Oeste. Si bien estas jornadas logran resolver demandas puntuales de familias sin cobertura médica privada, la recurrencia de postas temporales pone al descubierto las dificultades de los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) para dar respuestas integrales durante todo el año.

Según la recorrida del Colectivo Sanitario informada por La Unión de Lanús, la unidad móvil se instala en puntos estratégicos como Villa Diamante, Villa Caraza y las inmediaciones de la avenida San Martín para ofrecer atención espontánea sin turno previo. Enfermeros y médicos generales controlan la presión arterial, miden niveles de glucemia y completan esquemas del Calendario Nacional de Vacunación para niños en edad escolar. La iniciativa es valorada por los frentistas, pero los mismos vecinos señalan que cuando el móvil se retira a las pocas horas, el barrio vuelve a quedar sin médicos de guardia a los que acudir ante una emergencia nocturna.

Paralelamente, la jornada de Tardes de Vacunación anunciada por Arriba Lanús convocó a la comunidad en la sede céntrica del Centro Cultural Leonardo Favio, en la avenida 25 de Mayo al 130. Esta alternativa vespertina busca captar a padres y madres trabajadores que no pueden concurrir a los centros de salud en los turnos habituales de la mañana. No obstante, la concentración de este tipo de eventos en las cercanías de la estación de Lanús evidencia un desbalance territorial respecto a los barrios más vulnerables del fondo de Lanús Oeste, cuyos vecinos deben afrontar dos boletos de colectivo para alcanzar la posta céntrica.

El estado crítico de los centros barriales

La red de CAPS municipales, distribuida a lo largo de las distintas localidades del partido, padece problemas estructurales de larga data que no se solucionan con operativos ambulantes. Profesionales de la salud de Lanús vienen advirtiendo sobre la falta de insumos básicos como tiras reactivas, gasas y medicamentos esenciales del programa Remediar, así como la vacancia de cargos en especialidades críticas como pediatría, ginecología y odontología.

Los salarios comunales, históricamente por debajo de los convenios hospitalarios de la Provincia o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, provocan una fuga constante de médicos jóvenes hacia otros distritos. En muchas salas de Villa Jardín o Monte Chingolo, conseguir un turno con un pediatra exige hacer fila a la intemperie desde las cinco de la madrugada para obtener uno de los diez números que se reparten por ventanilla. Cuando el cupo se agota, las familias se ven obligadas a colapsar la guardia del Hospital Evita, diseñada para urgencias mayores y no para controles pediátricos de rutina.

La desconexión con el sistema provincial

A esta problemática se suma la falta de integración plena con los sistemas digitales bonaerenses. Si bien la plataforma Mi Salud Digital de la Provincia busca unificar historias clínicas y turnos electrónicos en toda la red pública, la información cargada manualmente en las postas móviles de Lanús no siempre impacta en tiempo real en los registros provinciales. Esta desconexión genera que pacientes con patologías crónicas deban reiterar análisis y diagnósticos cada vez que son derivados desde un móvil municipal a un hospital de mayor complejidad.

La gestión local de la salud requiere superar la lógica del evento aislado y el efectismo fotográfico. Los vecinos de Lanús Oeste necesitan centros de salud barriales abiertos, con médicos nombrados, insumos asegurados y guardias operativas las veinticuatro horas. Celebrar la llegada de un colectivo móvil con aplausos oficiales es comprensible, pero no puede reemplazar la obligación ineludible de garantizar un sistema de salud público, permanente y de calidad en cada rincón del partido.

Las estadísticas del sistema de atención primaria de Lanús indican que durante los meses de invierno y principios de primavera las consultas por afecciones bronquiales y cuadros virales saturan las salas barriales. Cuando los dispensarios de Villa Porá, Caraza o Chingolo carecen de insumos como salbutamol o aerocámaras, la carga asistencial recae en las familias, que deben recorrer varias farmacias en busca de donaciones o medicamentos a precios inalcanzables.

Profesionales de la salud comunitaria insisten en que los móviles sanitarios deben coordinar su labor con los promotores de salud barriales y las escuelas públicas del distrito, realizando relevamientos nutricionales y seguimiento de esquemas de vacunación en las aulas para detectar a tiempo casos de vulnerabilidad social y deserción en los controles de crecimiento.

El seguimiento social sobre estos programas debe exigir la publicación periódica de estadísticas sobre cobertura efectiva de vacunas, tiempos de espera en los CAPS y presupuestos ejecutados en infraestructura sanitaria. La salud pública de Lanús no se mide por la cantidad de carpas armadas en una plaza, sino por la capacidad real del Estado de cuidar a sus vecinos todos los días sin distinciones de código postal.