Una película también se construye en lugares que el espectador nunca ve. En el caso de Nuestra Tierra, de Lucrecia Martel, uno de esos espacios está en Remedios de Escalada. La UNLa informó que Guido Beremblum y Alejandro Marani realizaron la regrabación de diálogos en formato 5.1 en su estudio Enrique Santos Discépolo. El dato permite recorrer una parte concreta de la producción audiovisual local, más allá de la pantalla y de los nombres que encabezan los afiches.
La comunicación universitaria del 30 de septiembre presentó ese trabajo como una experiencia de worldizing: utilizar la acústica de espacios reales para dar profundidad al sonido. También difundió una proyección y conversación con la directora y los sonidistas. La intervención sonora conecta esa producción cinematográfica con el estudio universitario, instalado en el predio de los antiguos talleres de Remedios de Escalada.
Un edificio ferroviario que se escucha de otra manera
La ficha del estudio Discépolo ubica el comienzo de su construcción en 2003, dentro del programa de recuperación de edificios históricos de los talleres ferroviarios. Describe una sala principal de 170 metros cuadrados y la posibilidad de registrar 48 canales en una primera toma. Además de grabación, el espacio ofrece mezcla, mastering y producción audiovisual.
Son etapas diferentes de un mismo recorrido. Registrar consiste en capturar una interpretación o un sonido; mezclar implica decidir las relaciones entre esos materiales; preparar una versión final supone atender a su reproducción. Para un oyente, esa cadena puede pasar inadvertida. Para quien produce, cada eslabón abre decisiones: qué debe comprenderse con claridad, qué queda en segundo plano y qué sensación de distancia se busca transmitir.
La recuperación de un edificio también cambia la manera de leer el barrio. Un lugar asociado al trabajo ferroviario puede albergar otra clase de trabajo, con oficios, herramientas y conocimientos específicos. Esa continuidad territorial no permite calcular por sí sola empleo o impacto económico, pero ofrece una referencia verificable para reconocer producción cultural dentro de Lanús.
Aprender a construir una escena sonora
La presentación de la Licenciatura en Audiovisión describe un ciclo básico y otro orientado, con recorridos en Sonido y Grabación y Postproducción de Imagen. El trayecto inicial combina lenguaje, técnica y comunicación, además de producción y propiedad intelectual. El título intermedio es Técnico Universitario en Audiovisión.
Ese planteo ayuda a entender por qué una sala equipada no alcanza para explicar una película. Hace falta decidir cómo usar las herramientas, coordinar tareas y comprender el sentido de lo que se cuenta. Una voz perfectamente audible puede necesitar un tratamiento distinto según el espacio narrativo, la relación con otros sonidos o la atención que reclama una imagen.
Para quien se acerca por primera vez a esta formación, conviene distinguir interés artístico, práctica técnica y organización de una producción. Son dimensiones que se cruzan, pero ninguna garantiza por sí misma una salida laboral. La ficha académica sirve para conocer la propuesta; las condiciones de ingreso deben consultarse en sus canales actuales, sin trasladar fechas de convocatorias anteriores.
Del recital al registro audiovisual
Un ejemplo documentado de esas prácticas aparece en la convocatoria de mayo de VIVO en la UNLa. La universidad anunció una sesión del trío folclórico MANOS en el estudio y explicó que el ciclo articula Audiovisión con Diseño y Comunicación Visual. Su objetivo incluye prácticas cocurriculares de sonido y registro audiovisual para estudiantes.
Una sesión en vivo exige pensar el conjunto. El lugar de una cámara puede interferir con otro trabajo; una decisión de iluminación cambia lo que aparece en cuadro; un movimiento puede introducir ruido. Es una situación útil para comprender que una producción no surge de sumar equipos aislados, sino de acordar prioridades y tiempos entre personas con tareas diferentes.
El antecedente de mayo no equivale a una inscripción abierta en octubre. Su valor en este recorrido es mostrar un formato de trabajo anunciado por la institución: una actuación musical se convierte, a la vez, en oportunidad de registro y aprendizaje. Para conocer futuras ediciones corresponde revisar la programación vigente.
Escuchar también es una forma de mirar
Como ejercicio de apreciación, una próxima película puede escucharse atendiendo a tres preguntas: qué sonidos tienen una fuente visible, cuáles amplían el espacio fuera del cuadro y qué cambia cuando aparece el silencio. No hace falta identificar un equipo para advertir que la experiencia audiovisual depende de relaciones entre elementos, no solamente del diálogo.
El trabajo local informado alrededor de Nuestra Tierra permite poner nombres y un lugar a parte de ese proceso. No autoriza a adjudicar al estudio toda la banda sonora ni a deducir cómo se resolvió cada escena. Sí ofrece una entrada concreta a una infraestructura cultural del distrito: un espacio recuperado, formación universitaria y prácticas profesionales que participan de producciones que circulan fuera de Lanús.
La ficha institucional reúne bajo el nombre Discépolo servicios de grabación, mezcla, mastering y producción audiovisual. Es una combinación que permite ubicar el trabajo informado para Nuestra Tierra dentro de una infraestructura con usos diversos: desde registrar intérpretes hasta preparar materiales para su circulación. La sala principal, de 170 metros cuadrados, es una de las características físicas documentadas de ese espacio universitario.


