El edificio José Hernández de la Universidad Nacional de Lanús conserva una escala que nació para el trabajo ferroviario. Sus antiguas naves de almacenamiento forman parte del campus de Remedios de Escalada, donde hoy conviven funciones académicas y administrativas. El cambio de uso permite entender una parte de la transformación del barrio: un espacio pensado para recibir materiales y abastecer al ferrocarril se convirtió en lugar de enseñanza, gestión y encuentro universitario.

La universidad describe al Hernández como la construcción preexistente de mayor superficie de su campus. El dato señala su importancia dentro del conjunto, pero también recuerda que la UNLa no empezó con un terreno vacío. Su desarrollo incluyó recuperar edificios cuyo tamaño, estructura y organización respondían a otra actividad. La historia del inmueble continúa en los nuevos usos, sin perder las referencias de su origen.

Un almacén preparado para recibir trenes

La reseña arquitectónica publicada por la UNLa describe tres naves paralelas, cada una de catorce metros y medio de ancho por doscientos cuarenta de largo. La central tenía vías para el ingreso y la salida de formaciones; las laterales alojaban depósitos y áreas de apoyo. Una galería de ocho metros de ancho sobre el lado este servía para descargar y acumular materiales desde el andén exterior.

Esa distribución explica la longitud y la repetición de espacios del edificio. No eran recursos decorativos: respondían a tareas de circulación, almacenamiento y abastecimiento. Mirar una nave ferroviaria desde sus funciones originales permite comprender por qué el conjunto tiene dimensiones distintas de las de una escuela construida directamente para aulas.

El inmueble combinaba depósitos con oficinas gerenciales de los almacenes del Ferrocarril del Sud. El trabajo administrativo y el movimiento de materiales compartían así una misma infraestructura. Ese antecedente aporta una continuidad particular con la universidad: el edificio sigue reuniendo actividades diferentes, aunque los objetivos, los usuarios y la organización hayan cambiado.

La transformación del campus

La historia institucional de la UNLa publicada por el municipio permite ubicar el traslado a Remedios de Escalada en 1998 dentro del recorrido de la casa de estudios. La recuperación de terrenos y galpones ferroviarios formó parte de esa instalación. El campus universitario quedó ligado a un patrimonio que ya tenía un peso concreto en la identidad del barrio.

La intervención del Hernández buscó conservar su tipología y adaptarla a nuevas necesidades. Recuperar un edificio no significa congelarlo: para incorporar aulas, oficinas y servicios hacen falta cambios. El criterio arquitectónico presentado por la universidad fue acompañar la construcción existente con nuevos materiales y prestaciones, manteniendo reconocible su organización original.

En esa transformación conviven conservación y uso. Un espacio de patrimonio puede seguir activo si responde a necesidades presentes sin borrar sus rasgos históricos. El Hernández ofrece un caso concreto para observar esa relación, porque su escala ferroviaria continúa siendo parte de un conjunto que funciona como universidad y no solamente como exhibición de objetos del pasado.

Los nombres que forman parte de la memoria

La reflexión institucional sobre tradición y patrimonio explica el nombre José Hernández como parte de la identidad cultural universitaria. También vincula el pasado del ferrocarril con piezas de madera y metal recuperadas en el predio. La elección de nombres y el uso de materiales muestran maneras distintas de integrar la memoria a la vida cotidiana del campus.

El edificio no tiene un único significado por conservar paredes antiguas. La enseñanza, las oficinas y las actividades que alberga incorporan nuevas experiencias. En ese sentido, el patrimonio se vuelve una relación entre el pasado material y las personas que utilizan el lugar: una estructura creada para otro trabajo puede seguir siendo reconocible y, al mismo tiempo, recibir una comunidad diferente.

Una de las denominaciones del conjunto cambió recientemente. La UNLa informó en diciembre de 2025 que el Aula Magna, antes llamada Bicentenario, pasó a llevar el nombre de Ana Jaramillo. La decisión se formalizó mediante una resolución del Consejo Superior y reconoce su papel como rectora fundadora. El aula se encuentra en el edificio José Hernández, cuyo nombre permanece.

En el mismo acto, la universidad recibió la biblioteca personal de Jaramillo y objetos vinculados con su trayectoria. Esa incorporación suma una memoria universitaria al patrimonio ferroviario. No son etapas que se reemplazan mutuamente: los almacenes explican el origen del inmueble y las nuevas piezas documentan el recorrido de la institución que lo recuperó.

Cómo conocerlo sin confundir pasado y agenda

El Hernández también recibió actividades públicas para difundir su historia, como las del Día Nacional de los Monumentos reseñadas en 2018. Esos encuentros incluyeron fotografías, maquetas, audiovisuales y visitas. Son antecedentes de apertura cultural, no una confirmación de recorridos guiados disponibles hoy ni de acceso libre a todas sus dependencias.

Para ubicar el campus, la dirección institucional es 29 de Septiembre 3901, Remedios de Escalada. Quien quiera participar de una actividad debe consultar su convocatoria específica y las condiciones de ingreso. El interés del edificio está precisamente en esa convivencia: una infraestructura ferroviaria recuperada, un nombre que enlaza cultura e identidad y un espacio que continúa produciendo nuevas historias dentro de la vida universitaria del barrio.